Editorial

Héctor Gambini

El dólar sube tanto -en el eufemismo inagotable de la política algunos dicen que la economía “recuperó competitividad”- que demasiadas cuestiones quedan debajo de su atracción estelar.

Abajo del dólar suceden cosas. Entre otras, que hay 11 millones de pobres e indigentes. Una pareja con dos hijos es pobre si sus ingresos mensuales son menores a $20.868,93. Y es indigente si sus miembros no llegan a conseguir mensualmente $8.347,57. El Indec lo mide así, con centavos.

Pero en la calle se sufre con o sin monedas, y el Gobierno ya avisó que el semestre que viene se pondrá peor.

Macri había advertido que el índice de la pobreza es el que deberá usarse para juzgar a su gobierno. Tomado a pecho, es un juicio donde sigue en el banquillo y lejos de la absolución.

En Nueva York había dicho esta semana que irá por la reelección, una señal a los mercados para que se interprete que el acuerdo con el Fondo incluye el compromiso de un segundo mandato donde las nuevas reglas del juego -con nuevo ajuste incluido- se respetarán a rajatabla.

Pequeño detalle: para eso, tiene que ganar las elecciones. Ayer bajó un cambio: habló de “dejar los cimientos listos para venga quien venga”.

El escenario de los tres tercios -uno para Macri, otro para Cristina y el tercero para una “alternativa” aún difusa que saldrá del peronismo no kirchnerista- podría variar si la economía sigue castigando duro.

Con seis procesamientos a cuestas y acorralada por las pruebas de una corrupción organizada y sistemática -ya estaría presa de no ser por los fueros parlamentarios-, Cristina necesita ser candidata el año próximo.

En la Provincia de Buenos Aires -donde 35 de los 136 partidos concentran al 80% de los votantes- muchos intendentes aún la buscan.

¿Se quedarán con ella o “saltarán” hacia la tercera opción si el peronismo no alineado con la ex presidenta suma a costa de las heridas ajenas? Es el menos golpeado de los tres tercios -no maneja la economía y aún flota afuera del océano de la corrupción K- pero también es el más difuso.

Este jueves, Sergio Massa, Miguel Ángel Pichetto, y los gobernadores Juan Schiaretti (Córdoba) y Juan Manuel Urtubey (Salta) corrieron a poner sus rostros para esta alternativa aún sin costos.

Más tarde, por tevé, Urtubey deslizó el nombre de Marcelo Tinelli como alguien bien visto para sumarse a la iniciativa.

Cristina buscó castigar a este sector cuando “pegó” a Massa en su video casero de El Calafate, tras los allanamientos por los cuadernos de la corrupción. “No me acuerdo si lo hizo cuando fue mi jefe de gabinete”, deslizó sobre un presunto regalo de Massa mientras mostraba el sitio vacío de un cuadro incautado de Páez Vilaró. Más tarde aclaró que la obra no se la había regalado Massa sino el artista, pero el pedido de disculpas en un tuiter perdido tuvo mucho menos repercusión que el video original. Y ninguna inocencia.

La clave de lo que viene será la capacidad de socorro social. La ministra Carolina Stanley apareció ayer después de Macri para recordar que trabajan “codo a codo” con los que más sufren. Fue la señal de que su área será el gran dique de contención al que apuesta el gobierno en lo que queda hasta el año electoral.

Mientras tanto, la justicia investiga extraños episodios prefabricados para fogonear descontento. Llamados truchos a saqueos por WhatsApp -un grupo de 81 miembros creado hace 20 días por un autor autodenominado CR7, en extraño honor a Cristiano Ronaldo-, y el incendio de una escuela en Moreno que las pericias ya demostraron “intencional”.

Saber quiénes están detrás de esos hechos también ayudará a ver mejor qué hay y, sobre todo, qué se puede venir debajo del dólar inquieto.

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