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Efecto “barril criollo”: sin congelamiento, estiman que los combustibles subirían 15%

A una semana de oficializarse el “barril criollo” de u$d 45 como precio sostén esperado por las provincias productoras de petróleo, la medida todavía deja tela para cortar. Es que según petroleras y refinadoras la medida carcome rentabilidad al negocio y en el tiempo puede ser una olla a presión: de hecho, estiman que al valor actual del crudo, una vez terminado el congelamiento de los combustibles en surtidor, los precios de naftas y gasoil deberían subir no menos del 15% para equiparar cargas.

La lógica de la industria responde a que la medida del Gobierno las obliga a comprar crudo y liquidar regalías a u$d 45, pero los precios actuales en estaciones de servicio corresponden a un barril de u$d 38. Aunque saben que ese desfasaje no podrá trasladarse por ahora, para YPF y las refinadoras significa que, cuando se liberen los precios el litro de naftra premium, por ejemplo, terminará tarde o temprano por trepar a poco más de $70.

Mientras tanto, el mercado de los combustibles tiene signos vitales pero aún le falta para levantarse. Los números grafican la situación: en abril, la refinería de Luján de Cuyo bajó su capacidad de 15.500 m3 diarios a 10.500, y si bien en mayo repuntó levamente hasta los 11.300 m3, no basta para revertir la abrupta caída de ventas motivada por el aislamiento.

En eso coincide Domingo Franchetti, presidente de  Amena (Asociación Mendocina de Expendedores de Naftas y Afines), al calificar como “muy grande” el derrumbe de la demanda, y anticipar que “la recuperación será muy lenta”. Aún así, respecto al congelamiento de precios de los combustibles hasta octubre, para el empresario será “difícil sostener en el tiempo los mismos valores con una inflación superior al 40%”.

“Teniendo una carga fiscal tan grande, cualquier modificación de los precios depende de una decisión política que tienen que ver con las siete provincias productoras y un sector que moviliza mucho. Lo cierto es que mantener en  45 el precio del crudo puede generar efectos económicos colaterales”, consideró Franchetti.

Del barril criollo a la expectativa de recuperación

En general, desde el sector comercializador predomina la cautela. Lo confirma Guillermo Flamarique, operador Shell, para quien saber lo que puede ocurrir con los precios “es ciencia ficción. Lo cierto es que ninguna compañía sacará los pies del plato en este momento, y como a 30 dólaresl nadie iba a perforar, con el barril criollo se avanza en la oferta futura de combustibles”.

Sobre lo que puede pasar tras el congelamiento, Flamarique reconoce que “hay mucha incertidumbre, porque nadie puede saber cuál será la cotización del dólar a fines de octubre”.

Mientras tanto, la caída de las ventas va ralentizándose: de los 67 m3 diarios que despachó una boca céntrica al comienzo de la cuarentena (de un nivel normal de 500 m3), en abril, gracias a la flexibilización, la merma fue 77%. Y con mayo cerca de 45%, la perspectiva para junio es alentadora.

Simultáneamente, hay cuestiones que siembran interrogantes. Tras una serie de reclamos por parte del Gobierno mendocino sobre por qué las pizarras electrónicas de las estaciones de servicio no se modificaron cuando cayó el precio internacional del barril Brent (la referencia para Argentina, que llegó a estar en u$d 15 y también en banda negativa), desde el sector petrolero responden con que la película hoy es otra, al punto de acusar “problemas de caja”.

De hecho, vencido el plazo impuesto por la Dirección de Hidrocarburos a YPF sobre la obligación de volver a comprar crudo a sus proveedores integrados al nuevo precio sostén, la petrolera de bandera no garantizó cumplir con esa pauta. Al menos por ahora, mientras los números no cierren y el consumo siga sin descomprimir un almacenaje saturado.

sitioandino

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