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LA ABUELA MARÍA Y SU POEMA DE CUARENTENA

Editorial de Los Domingos

 

Por: José Timoteo.

La abuela María nació hace 93 años. Hasta que enviudo, a los setenta, vivió a la vera del Rio Neuquén, en unos de estos maravillosos lugares del Departamento Minas. Desde una pequeña ventana de su casa, cada día, podía ver la Cordillera del Viento. Siempre tuvo una actitud positiva, fue una matriarca, que encontró en su personalidad, esquivarle al machismo reinante. Tuvo que lidiar con hijos rebeldes y revoltosos cuando a su esposo lo llevaron preso a Zapala por un crimen, con arma blanca, que no cometió, pero que se llevo a cabo con su cuchillo, que para mayor incriminación tenia sus iniciales talladas bajo relieve y en mayúsculas “J L”. Eso bastó para ser inculpado y condenado a diez años. La abuela María, no tuvo opción, ni posibilidad de reclamo, ni abogado que pudiera ocuparse de su defensa y tuvo que resignarse a esperar los tiempos de la justicia. Las Cosas parecieron ponerse difícil, sola y con nueve hijos, tres mujeres y seis varones, le hicieron replantearse la vida. Se guardó todas sus tristezas y contradicciones y avanzó con las actividades del campo, sin más opciones que saber que ése era su único ingreso para el bienestar familiar. Su prestancia, el regreso de su marido seis años después, le guardaron en el recuerdo un tiempo difícil y una etapa superada. Eso no fue lo único que le sucedió a María, siempre le digo que debería escribir sus memorias por ser un ejemplo de superación permanente. Cuando su marido falleció, hace 23 años, se vino a vivir al pueblo, ya no puede ver desde su ventana la Cordillera Del Viento, ahora solo puede ver, un supermercado que todos los días renueva ofertas. Lo que aún conserva es su vieja radio, de la cual pende un cable cobrizo hasta una pequeña antena casera que contrasta con la de ServiRed, que ocupa el mismo lugar… Esa antena le permite escuchar Radio Nacional y la otra… Ah!! María también se adapto a los nuevos cambios y en su celular tiene facebook y se comunica por whatsapp. Siempre ha tenido una capacidad de resiliencia asombrosa, quizás su optimismo y su mirada positiva ante cada contratiempo, sea su secreto. Siempre tiene una frase oportuna para cada ocasión y sabe como introducirla en el momento justo de la conversación: “No hay mal, que por bien no venga”; “Cuando una puerta se cierra, doscientas se abren” “Siempre que llovió, paró” “No hay mal que dure cien años” “Mejor pájaro en mano, que cien volando” “Solo Dios Sabe”. La cuarenta la encontró desprevenida y eso la molesto mucho. No podía salir, no podía ir a comprar, no podía tomar mates con sus amigas.. No podía.. No podía… No podía… Cuando ahondó en el asunto y le preguntó a sus nietos cuál era la razón que ella no podía salir, le dijeron: ¡¡Sos de riesgo!! -¿De Riesgo?. -¿Yo de riesgo? Se preguntaba una y otra vez… ¿Ella que había sobrevivido a la viruela, la tos convulsa, a nueve partos sin ver a ningún medico y solo con su tecito diario de Toronjil? ¡¡¿Ella que había sobrevivido a la nevada grande del año 65 y a las siguientes del 85 y 95, solo con Ñaco y Orejones?!! Ese día se enojo mucho. Cuando se enojaba, se le iba la sonrisa, no decía nada, igual era mejor no mirarla mucho porque con su sola mirada te fulminaba… Cuando sucedía eso, no le hablábamos, hasta que ella empezaba a cantar una canción de Chávela Vargas, que le gustaba mucho…

” Nada me han enseñado los años
Siempre caigo en los mismos errores
Otra vez a brindar con extraños
Y a llorar por los mismos dolores”

Entonaba muy bien y su voz era despiadadamente dulce, daba gusto escucharla. Su vestimenta no era casual, siempre con polleras, obligada a usar anteojos y un delantal a cuadritos que contrastaba con sus infaltables trenzas. Su tamaño menudo, su elegante caminar, le hacían una presencia distinguida. Un día de esta cuarentena, a la tardecita, mientras afuera la nieve se acumulaba sobre un muñeco de jardín, me pidió que le leyera un poema que había escrito. De uno de sus bolsillos, tomo un papel y me lo dio. Era un papel de servilleta, con una caligrafía perfecta. Empecé diciendo:

         CUARENTENA

A vos te hablo cuarentena,
que me has dejado sola y presa.
Usurpando el fuego de mi estrella,
 pretendiendo hundirme en la tristeza.  
He dejado de peinar mi cabellera,
no tengo motivos ni apariencias.
Tampoco traeré  de mi  pasado,
las lagrimas marrones de la ausencia.
Me has hecho mucho mal,
¡Quiero que sepas!
Me has negado los abrazos más buscados,
aquellos que opacan a mis quejas.
Si te llego a encontrar,
te lo prometo…
Pasaré por tu lado sin mirarte
y haré de cuenta que no es cierto.  
Lo que no has conseguido, cuarentena,
es apagar el brillo que me queda.
La sonrisa que tengo desde niña
 y unas ganas de vivir… ¡¡QUE NO ME DEJAN!!

Mientras iba leyendo, interpretando sus más profundos sentimientos. Imaginaba su mano temblorosa escribiendo estas letras… No pude ocultar mis emociones y mis ojos la miraron de frente, empañados y brillosos de inocencia. La abuela María, me mira anonadada, me abraza y me arropa. Yo soy un tipo grande y ella parece tan frágil, que podría levantarla en andas… La miro, la observo, la admiro, con su 93 años, me sigue hablando y me cuenta lo que tiene pensado hacer mañana… Mientras me acurruco en sus brazos y sus dedos acarician mi pelo, pienso que quizás ese sea su secreto… Nadie se muere en la víspera y menos quienes tienen la certeza de una nueva mañana.

(Esta Editorial que se publica todos los domingos, se constituirá: De relatos, fabulas, cuentos, narraciones, poemas y poesías. Cualquier similitud con la realidad es mera coincidencia. Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de Nqnorte.)

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