EditorialEditorial de los Domingos

La Duda

Editorial de los Domingos.

Autor José Timoteo. (Domingo 05 de julio del 2020).

Desde siempre he sido atosigado por la duda. Me ha perseguido sin límites y también me ha amado, me ha cuidado, me ha dado el empujón para no detenerme. Es responsable de muchas de mis mejores decisiones y también la causa de mis más estruendosos fracasos. Se sienta a mi lado, me respira, me susurra al oído, inhala mis emociones y por ósmosis me impregna de sus dudas. A veces me cansa, me agota, me destruye, luego me busca, me acaricia y me perdona. Muchas veces me he alejado, intentando olvidarla, incluso deje de pronunciarla durante meses. Cuando creía que ya la había olvidado, aparecía… como una reina, sin reinado, con el tridente de Poseidón en sus manos. A veces la diluyo en agua, la dejo que se escurra, hasta evaporarse y que no pueda tocarme ni con su esencia. La escabullo en la letra de mis canciones, para entorpecerla, para confundirla, para hacerla mezclar con las melodías y que éstas la dejen muerta. Otras veces, la escondo en los libros que no uso, la dejo en la biblioteca, mezclada con las hojas amarillas de la historia y la filosofía, hasta que Descartes me la devuelve, con “Pienso, luego Existo” No!! No!! ¿Cómo puedo pensar, si aún no existo? ¿Cómo darme cuenta que existo, sino me pienso? Me niego a entrar en esa polémica y descarto a Descartes. Durante años me persigue la Duda. He llegado a hacer lo más insólito para deshacerme de ella… En una ocasión, la doble en un billete y la deposite en una cuenta bancaria. En otra, la envié por correo a 1200 km de distancia, para que se perdiera, para que se cayera… y una tarde regreso al remitente, porque nadie fue a buscarla. En los inviernos la he hundido en la nieve, esperando que las temperaturas bajo cero, la inmortalicen y se la lleve la “muerte dulce”, de la hipotermia. También la he dejado expuesta al sol, para que el efecto “lupa” la calcine. En una fiesta la hice bailar con la guitarra, para que en una de sus vueltas se pierda o que el cimbrar de las cuerdas la aturda con su zumbido hasta dejarla sin signos vitales. Muchas veces me he mordido la lengua, apretando los dientes, sin respirar siquiera, rogando que no me vea, pidiendo por favor que no me encuentre. Una tarde de marzo, la recuerdo como si fuera hoy, atormentado y triste, desahuciado y a punto de rendirme a la muerte , me duche con ella, confiado en que la espuma la envolviera y el agua la fuera ahogando. Cuando sin resultados, luego de haberlo intentado todo, dejé de lado mí ateísmo y le pedí a Dios que la venga a buscar; tampoco dio resultado, quizás porque mí interés repentino por Dios, no fue bien recibido. Desde siempre me persigue la duda. Las simples y las complejas. Las antiguas y las recientes. Dudas tan enormes como las rocas que caen entre Andacollo y Huinganco y tan pequeñas como los cien nanómetros que mide el Covid-19. Tengo acumulado millones de dudas. Dudas existenciales, matemáticas, biológicas, ancestrales, poéticas y gastronómicas. Cuando termina el día, cuando estoy seguro de todo, tengo la certeza de que la DUDA SE ACUESTA CONMIGO.

(Esta Editorial que se publica todos los domingos, se constituirá de: Relatos, fabulas, cuentos, narraciones, poemas y poesías. Cualquier similitud con la realidad es mera coincidencia. Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de Nqnorte.)

Show More

Related Articles

Back to top button
Close