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La quimera del oro

Los proyectos mineros que se impulsan en el norte neuquino parecen estar condenados al fracaso. No solo porque algunos de ellos fueron rechazados por atentar contra la salud y el medio ambiente, sino porque están más cerca del extractivismo depredador que del empresariado ávido por invertir con el cual fantaseó Macri durante estos años.

Hace unos días atrás, un importante grupo de trabajadoras y trabajadores de la compañía Trident Southern Explorations, de Andacollo, se apostó en la ruta Nacional 40, en el ingreso a Chos Malal, para reclamar por la estabilidad laboral y los salarios adeudados.

En un volante que repartieron señalaron que “luego de haber agotado todas las instancias posibles, nos vemos obligados a tomar esta medida de fuerza. Somos casi 300 familias que estamos sufriendo y atravesando por este difícil momento. Y no es la primera vez. ¡¡Nuestros jefes son suizos y chilenos y se borraron del mapa!! Lo único que queremos es trabajar y cobrar por nuestro trabajo. Vecino/a disculpe las molestias ocasionadas, pero dígame usted: ¿cómo se sentiría si trabajara todo un mes y luego no le pagaran el sueldo, o le depositaran $3.500 como una burla?”

También denunciaron que desde hace varios meses la empresa viene abandonando sus obligaciones con proveedores, dejando de invertir, y hasta desatendiendo algunas cuestiones vinculadas con la seguridad e higiene del lugar de trabajo. Una suerte de vaciamiento que atribuyen a la falta de control por parte del gobierno provincial y en especial de Cormine (Corporación Minera Neuquén) por no fiscalizar el cumplimiento de los compromisos contractuales.

La empresa Trident tiene la concesión desde el año 2016, y en el contrato que celebró en ese momento se comprometió a generar 500 puestos de trabajo e inversiones por 164 millones de dólares para los próximos 25 años.

En esa ocasión, el gobernador Omar Gutiérrez no ahorró elogios al presidente Macri. Remarcó que la inversión y la recuperación del proyecto había sido posible por la eliminación de las retenciones a las exportaciones mineras que había dispuesto el gobierno nacional. Ventajas impositivas y estímulos de todo tipo que, en casi cuatro años, de ningún modo se tradujeron en crecimiento económico y trabajo genuino.

El entonces ministro de Energía de la provincia, Alejandro Nicola, tampoco ocultó su euforia al expresar -palabras más, palabras menos- que esta vez el proyecto iba en serio, que este acuerdo era fruto de un “Estado presente que preservó las fuentes laborales para volver a poner en pie la producción minera, de forma social y ambientalmente sustentable” (Alejandro Nicola, “Neuquén: el proyecto minero Andacollo y la importancia de un Estado presente”, publicado en Diario Once, noticias mineras).

Después de dos semanas de conflicto, finalmente la empresa Trident ratificó por escrito la continuidad del proyecto y garantizó la empleabilidad de la mano de obra local, principal exigencia del pliego de demandas. Sin embargo, el temor por perder los puestos de trabajo sigue latente.

Lo que ocurre es que a fines de 2014, otra empresa, la Andacollo Gold S.A, desmanteló el yacimiento de oro y plata que explotaba desde el año 1998 y se echó a la fuga sin que se pudiera ubicar el paradero de los accionistas. Lo mismo ocurrió dos décadas atrás con Comal (Corporación Minera del Alder) de capitales canadienses y chilenos, que iba a operar en el cerro Mayal; y con la concesión, en el año 1995, de las minas de oro Erika y Sofía de Andacollo. Todas tuvieron el mismo final: sueldos e indemnizaciones sin pagar, abandono de la explotación y acreencias que, posteriormente, tuvo que afrontar el Estado.

La explotación de oro en el Departamento Minas es una actividad tradicional que se promueve desde hace más de 100 años. Forma parte de sus orígenes, de su identidad y de sus posibilidades concretas de empleo. En una localidad como Andacollo, que no supera los 3.000 habitantes, la creación de 250 puestos de trabajo produce un fuerte impacto.

Cabe destacar que, en los últimos años, diferentes organizaciones ambientalistas cuestionaron estos emprendimientos mineros que contaminan el lugar, planteando incluso la incompatibilidad de esta actividad con el fomento del turismo, la agricultura y el derecho al agua. Por ejemplo, en Chos Malal, una fuerte movilización social frenó, a través de la vía judicial, un proyecto megaminero que se pretendía explotar en el Cerro Caycayen.

Comal, Erika y Sofía, Andacollo Gold, Trident, son distintos capítulos de una misma historia de desazón y falsas expectativas. Quizás haya llegado el momento que estas localidades de la zona norte de Neuquén, con plena participación de sus comunidades, empiecen a pensar seriamente en otras alternativas de desarrollo y generación de riqueza que cambien la matriz productiva y aborten, definitivamente, este tipo de experimentos mineros que terminan perjudicando a los trabajadores y a toda una región.

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