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Las segundas marcas en la vanguardia del consumo

Los argentinos solemos otorgarle una consideración especial a las marcas de los productos que consumimos, ya que las mismas otorgan un determinado status a quiénes  prefieren el consumo de las primeras marcas. Pero apelando a la sinceridad, podemos afirmar que se ha generado  un fenómeno diferente a partir de las continuas y repetidas crisis económicas, donde la preferencia de los consumidores se inclina hacia los productos conocidos en el mercado  como  segundas marcas, sustituyendo el factor cualitativo por el cuantitativo.

En ese sentido, actualmente se elige  el producto de una calidad inferior pero en mayor cantidad o peso, dependiendo de la promoción. Ocurre que la progresiva pérdida del valor adquisitivo en la población, ha originado que sobre el  precio y la calidad, se priorice lo primero y quede postergada la segunda para otra instancia.

Las segundas marcas, marcan tendencia futurista, además, con su elección se obtiene una  ventaja considerable  que corre a  favor de la población.  Por ello, a partir de la irrupción de las segundas marcas, éstas  están ganando mercado y la puja se acentúa cuando las primeras no quieren perder su liderazgo que tanto tiempo les costó obtener frente a sus seguidoras con inferiores parámetros de calidad.

Las segundas marcas  brindan servicios e inventan promociones que activan su consumo masivo en la población. Actualmente, la gente repara  más en el precio de compra que en la propia calidad que ofrece el producto.
Por ello, algunas primeras marcas también han creado sus segundas, en función de establecer una competencia que nunca se presentará  en igualdad de condiciones.

Paralelamente a ello,  los grandes hipermercados se presentan en las góndolas con productos y tarjetas de crédito propios donde los porcentajes de descuento, tanto por el uso de la tarjeta como del producto del supermercado, concitan la atención de los alertados consumidores. Hoy comprando productos propios con tarjetas también propias se puede acceder al descuento del 15%, por lo cual en una compra de $ 3.000 significa obtener un descuento de $ 450  que nadie quiere desperdiciar.

Las segundas marcas producen  vertiginosos cambios en los hábitos de consumo de la población. La ecuación resulta simple de analizar: demanda popular con escaso dinero circulante; menor compra; poco consumo y amplia recesión  en las ventas.
Las primeras marcas son onerosas al bolsillo del asalariado, como por ejemplo un queso de primera marca cuesta $ 550 el kilo. y en el seno de una familia tipo  se consume antes de la semana.

Por otra parte, existe una legión de productos de segundas marcas que quieren explotar el nicho abandonado por las firmas  líderes donde conjugan el precio accesible a los salarios, con una calidad mejorada pero que no alcanza para obtener  el mismo estándar de consumo de las primeras marcas.

Precisar cuál es una segunda marca es la tarea más difícil.
Se puede caer bajo el paraguas de esa denominación sobre la base de precio, calidad, zona de influencia y distribución, el segmento al que se apunta,  o el nivel de recordación que pueda evidenciar el consumidor.
Para finalizar, se avala la imposición de las segundas marcas porque las mismas incentivan fuertemente la competencia; fomentan el consumo; disminuyen los precios y brindan un mayor resguardo  al poder adquisitivo de los trabajadores.

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