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Siempre quise ser cura en el lugar donde faltara uno”

Nadie es profeta en su tierra, dice la sabiduría popular. Pero en la vida hay hombres y mujeres que lejos, muy lejos de su tierra natal, logran erigirse en emblemas y con ello transformar pueblos y vidas. Con el ejemplo, llenan los corazones de optimismo, ilusión, sueños y esperanza. Generan la unión de culturas, de pensamientos distintos.Desde hace 7 años, el padre Diego Canale llegó a Andacollo a escribir una historia idéntica a la que alguna vez plasmó Jesús. Pregonar la palabra de fe por cada rincón posible, desparramar amor en todos los corazones dispuestos a recibirlo, alzar la voz por los olvidados y marginados, llevar la cura espiritual y cubrir las necesidades sociales. A trabajar más y mejor por los carenciados. A ser simplemente un instrumento de Dios para mejorar la vida de cada habitante y población del mítico norte neuquino. “Soy un hombre que buscaba a Dios y descubrió que Dios lo encontró primero. Creo que en un montón de oportunidades salí a buscarlo y cada vez que salí él me ganó. Dios siempre me ganó”, afirma.

El religioso cuenta que nunca soñó estar en Andacollo. De hecho, cuando le nombraron la localidad y el departamento Minas, lo tuvo que buscar en internet. Por su compromiso social, por ser el abanderado y la voz de aquellos que no la tienen, o por llegar simplemente con su mensaje de fe a lugares alejados de las tierras del norte neuquino, muchas veces lo han comparado con el legendario obispo Jaime de Nevares. “Es una comparación muy grande con Jaime. Yo creo que a Jaime como a muchísimos curas, obispos, consagrados, misioneros catequistas y como a mí nos ha movido y nos mueve el amor de Jesús. Nos encontramos y somos parecidos en ese aspecto”, dice.

Apunta: “Si uno busca tener los sentimientos de Jesús, entonces lo va a querer imitar. Ante cada cosa me pregunto qué haría Jesús si viviera en el norte neuquino. Y bueno, haría visible la realidad de los crianceros, los miraría más, pondría su corazón cerca del de ellos. Es ahí donde se encuentra la vida de distintos personajes de antes, de hoy y de mañana siempre en torno al corazón de Jesús”.

Qué es lo más grande que ha hecho, se le pregunta al padre Diego. “Buscar amar y dejarme amar todos los días. El secreto está en el amor, no hay nada más grande que eso”, responde y además comenta que lo que le hace falta hacer es “seguir amando”.

Su llegada

“Hoy particularmente creo que es mucho más lo que ha hecho el norte neuquino en mi vida que lo que yo pude haber hecho”, dice con toda humildad, al tiempo que sostiene que le da miedo que se lo tome como un referente porque se considera a sí mismo un “ser limitado y pecador”.

“Yo estaba de cura en Capital Federal y el obispo de Neuquén dijo que estaban cortos de cura (sonríe). El obispo de Buenos Aires preguntó quién se animaba a ir y mi opción misionera era ser cura donde no había cura y, si era en el campo, mucho mejor. Venir a Andacollo fue como estar con mi amigo. Aquí creció mi amistad con Jesús”, dice y agrega: “Uno puede ser una herramienta de Jesús para los demás. Tiene que gritar en el buen sentido para ser una voz que traiga un poco de luz para que se puedan ver mejor las cosas”.

Sostiene que el norte neuquino es cien por ciento cristiano. “Casi la totalidad de los habitantes lo son. También hay que reconocer con alegría la presencia muy fuerte de muchas iglesias evangélicas y sería muy lindo de Dios que trabajáramos más unidos”, expresa el padre.

El padre Diego hoy es ampliamente reconocido y valorado en la región del norte neuquino por transformarse a fuerza de trabajo, confianza, templanza y el poder de escuchar en un abanderado y referente de las expresiones de las necesidades y carencias de quienes son la cultura misma de esas tierras: los crianceros. Infinidad de veces ha alzado la voz para conquistar derechos para los campesinos y para hacer visible en muchos casos la triste realidad que viven.

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