lunes, marzo 4, 2024
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A tres años de la cuarentena: cómo evolucionó la confianza en las vacunas

A mediados de diciembre de 2020, el Centro Gamaleya, que desarrolló la vacuna rusa Sputnik V, dio a conocer que la eficacia contra el coronavirus había sido del 91,4% en 22 mil voluntarios. Los resultados estuvieron 21 días después de las primeras aplicaciones y enseguida fueron publicados en The Lancet, una de las revistas científicas de mayor prestigio. Pero la confianza en las vacunas tuvo todo un proceso en nuestro país.

Para ese entonces, el Gobierno nacional ya había firmado un contrato con Rusia por la compra de estos sueros: se había decidido no bien la Anmat dio el visto bueno, que finalmente avaló por completo The Lancet. El primer cargamento de vacunas tenía 300.000 dosis y llegó el 24 de diciembre.

Fue así como el 29 de diciembre comenzó la campaña de vacunación enfocada en parte de la población, aquellos que conformban el grupo cuyo término se volvería de lo más corriente con el tiempo: los de “riesgo”.

Pero pese a la palabra de la Anmat y a la confirmación de The Lancet, la postura de la población respecto de recibir la “vacuna rusa” estaba dividida. Por un lado estaban quienes confiaban ciegamente en la ciencia y veían en este anuncio una salida al encierro que se había vuelto una eternidad. Por otro estaban quienes consideraban que se trataba de una enfermedad nueva, una investigación reciente y una solución a “prueba y error”.

Ante ese escenario, comenzó una campaña provacunación desde el Gobierno, en los medios y por parte de los profesionales de la medicina. El mensaje era uno: vacunarse era la única manera de bajar, en principio, la gravedad de los casos y, en consecuencia, la mortalidad.

 

Con Sputnik no, con las otras sí

La mirada política sobre las vacunas rusas no se hizo esperar. Y quienes necesitaban un motivo para sustentar su desconfianza lo encontraron nada menos que en la Organización Mundial de la Salud.

Y es que en agosto de 2020, cuando Rusia se disponía a registar la suya como la “primera vacuna contra el coronavirus”, la OMS advirtió que antes de eso “deberían cumplir los trámites de precalificación y revisión”. Hasta ese entonces, el país gobernado por Vladimir Putin no había publicado ningún estudio detallado de los resultados de sus ensayos. Fue cuestión de tiempo.

En tanto, como a nuestro país no llegaban las estadounidenses Moderna ni Pfizer, cuando se pudo, hubo quienes empezaron a viajar al país norteamericano para colocarse esas vacunas. Además, debido a los desentendimientos entre el Gobierno de Donald Trump -en ese momento- y Putin, Estados Unidos estableció una medida terminante: nadie que tuviera la vacuna Sputnik podría ingresar al país.

Con el tiempo, a la Argentina llegaron, además de la Sputnik, la Sinopharm, Astrazenca, Moderna, Pfizer y Cansino. A medida que se iban aprobando las distintas vacunas y los casos disminuían, el nivel de aplicaciones crecía. Además, hay que decirlo, en comparación con otros países en el nuestro la cultura de la vacunación tiene un alto porcentaje, aunque fue disminuyendo en los años de pandemia.

 

Cuánto confía nuestro país en las vacunas en general

Según la Fundación Bunge y Born, que cada año confecciona el Índice de Confianza y Acceso a Vacunas, en términos generales “en 2022 se observa un leve aumento del índice de confianza respecto a 2021: 0,5%, con lo que se ubica en 85,9 puntos”. “El aumento de la confianza en 2022 respecto de 2021 es leve”, dice el informe.

En 2019, antes de la pandemia, la confianza se colocaba en 93,7%, hasta 2022 se dio un retroceso del 8,3%. La mayor parte de ese descenso se dio entre 2019 y 2020.

Minutonqn

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